Un mundo que te sorprenderá /

a que esperas para descubrirlo

  • Se trata de una excursión por un territorio virgen que únicamente puede realizarse a pie o en barco. Desde Las Negras se emprende el camino a través de ramblas y barrancos que conduce en primer lugar a Cala San Pedro, enclave que destaca por su castillo, un pequeño caserío y un manantial de agua dulce que baja de la montaña, y que riega las pequeñas huertas.

    Continuando la ruta, entre huertas mediterráneas, el camino vuelve a alejarse del mar superando la Rellana de San Pedro y Punta Javana hasta llegar a la playa del Plomo con su viejo caserío, y poco después a Cala Enmedio, ambas de arena fina y con particulares formas erosivas. A diferencia de la zona sur del parque, las rocas de esta zona son de origen calizo.

    Finalmente, y después de 11 km, se desemboca en el pueblo de Aguamarga, pequeño enclave turístico ubicado en una ensenada, con playa de cantos y arena. El cerro del Cuartel y el cerro del Embarcadero de mineral refugian el pueblo. El primero de ellos, a poniente, alberga pequeñas excavaciones a modo de viviendas trogloditas, mientras que el segundo aloja las ruinas del embarcadero. El dique de carga, los túneles, los depósitos… son vestigios de la línea férrea que partía de Lucainena de las Torres, y cuyos cinco primeros kilómetros están hoy en día habilitados como “Vía Verde”.

    de las negras a aguamarga

    Roca volcánica versus roca caliza. Andando o en barco, calas para descubrir.

  • Partiendo de San José, es necesario tomar la Autovía del Mediterráneo, poco antes de Níjar, hasta llegar a la salida 494 dirección Carboneras. Una vez en ella, un nuevo desvío nos conduce hasta Aguamarga, última población del Parque.

    Desde allí, una carretera que bordea el litoral y que pasa cerca de las ruinas del
    embarcadero de mineral, utilizado por el ferrocarril para transportar hierro desde Sierra Alhamilla, nos lleva a Mesa Roldán. Esta meseta caliza alberga un faro desde donde se puede divisar todo el límite norte de este espacio protegido. Al bajar, un pequeño mirador, que sirve de aparcamiento, nos asoma a la Playa de los Muertos, una de las playas más bellas de todo el litoral. Una senda nos permite descender a esta cala de más de un kilómetro de longitud.

    playa de los muertos

    Origen volcánico, piedra blanca, aguas turquesas y transparentes...

  • ;La villa de Nijar se encuentra al pie de la Sierra Alhamilla, rodeada de huertas escalonadas en la ladera, en contraste con lo que se conoce como Campos de Nijar, donde la agricultura intensiva se adueña del paisaje semidesértico del valle de la rambla del Artal.

    La villa está dominada por la Atalaya, el único elemento que se conserva de la fortaleza árabe y que se encuentra a punto de ser rehabilitada. Construida para la defensa de los ataques de corsarios y bereberes, servía de punto de comunicación con el resto de torres que se extienden a lo largo de la costa nijareña, ofreciendo hoy unas bonitas vistas del pueblo.

    Bajo la Atalaya, un entramado laberíntico de casas blancas adornadas con macetas de flores se adueña de la ladera hasta rodear la iglesia mudejar. Esta estructura urbanística de la parte antigua del pueblo nos habla de ese origen árabe de la villa.

    El centro histórico de Nijar es la Plaza de la Glorieta que acoge a la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación y al Ayuntamiento. La iglesia se construyó en época de la repoblación cristiana, durante el reinado de Carlos I, junto a un antiguo fuerte, lo que habla también de su carácter defensivo. De estilo constructivo mudejar conserva en su interior un retablo barroco donde destacan una Inmaculada de Alonso Cano y una imagen de San José policromada del S. XVIII.

    Bajando las empinadas calles que llevan al casco antiguo, se alcanzan tanto el Barrio de la Alfarería como la calle principal del pueblo que ha sido construida en una zona de nueva expansión. En ambas zonas las tiendas de artesanía se suceden una tras otra. Las jarapas, unas mantas coloridas muy vistosas y de aspecto basto, se exhiben para la venta en la entrada de los establecimientos. Los telares con los que se realizaban antiguamente aún pueden verse en algunos de ellos. Otras tiendas son talleres de alfarería. Pueden encontrarse los tradicionales que conservan tanto el diseño como la decoración de clara reminiscencias árabes, como otros más modernos en que se trabajan con colores más llamativos o con piezas únicas.

    Si la visita a Nijar la realiza por la mañana, puede acercarse al antiguo Mercado de Abastos donde se ubica el Museo del agua. Allí podrá documentarse sobre la cultural tradicional del agua en zonas áridas como es el caso de los Campos de Nijar. Y si le interesa la arquitectura moderna, aunque en ese momento se encuentre cerrado por no llevarse a cabo ningún evento, es muy recomendable una visita al Centro de Artes Escénicas de Nijar ubicado a la entrada de la Villa.

    Un paseo por Nijar no puede finalizar sin una parada gastrónomica. Los gurullos, las talvinas, las migas o las gachas en caldo “colorao”, platos con raíces gastronómicas árabes, se encuentran en muchas de las pizarras de tapas que cuelgan en las fachadas de los bares del pueblo.

    Desde Nijar siguiendo la ruta de los molinos que discurre por un valle de balates y huertos se puede alcanzar Huebro. Se trata de un sendero de algo más de 4 kms que puede ser sustituido por un viaje en coche por una estrecha carretera que ofrece vistas en días claros del Cabo de Gata. Una vez alcanzada la aldea encontramos una iglesia fortaleza del S. XVI dedicada a la Virgen del Rosario y la balsa de la Zanja. Si aún se desea caminar 2 km por encima de los tejados blancos del pueblo se alza el Castillo de Huebro, del que hoy apenas quedan unas ruinas.

    Al regreso obligado a Nijar, y si se toma la carretera que lleva a Lucainena, a 6 km de la Villa, un desvío conduce a una de las grandes obras hidráulicas del S. XIX, el Pantano de Isabel II, que se convirtió en un gran fiasco a los pocos años de su construcción, al quedar pronto anegada gran parte de su capacidad por los lodos. El gran muro de la presa, con una altura de 35m y una longitud de 44m, ofrece una vista impactante de la rambla del Carrizalejo sumido en el silencio del abandono.

    nijar

    La Villa, capital del municipio, donde destaca la artesanía como la cerámica y la textil.

  • Almería se viste de día con un sol de peineta. Se despereza tarde, el reloj lo ponen sus cafeterías y el Paseo se puebla de escaparates luminosos. Tiendas, terrazas, cafés y otros atractivos en una calle que despierta a los almerienses con aromas de tueste molido y los viste elegantemente. El Paseo. Mayestático, regio y señorial marca el pulso económico de la ciudad. Su rigidez se deshace en sus costuras, pues en sus márgenes crecen árboles legendarios en el mundo de los almerienses. Algunos ya centenarios, aparecían en las fotografías sepia de principio de siglo y han cobijado, engalanado y dado sombra a generaciones de paseantes de las riberas del Paseo. Entre ellos destaca un majestuoso ficus que es historia viva de la Almería burguesa, enriquecida en el comercio de la uva cuyos réditos fueron a parar a una arquitectura peculiar en sus edificios. El Banco de España, la Casa de las Mariposas, el Casino y otros se asoman al Paseo para leer los periódicos que traen la mañana en los quioscos que salpican sus costados.

    Es hora de visitar a una vieja amiga de los almerienses. Sobre una atalaya natural se encarama y descansa la Alcazaba. Desde allí vigila y protege a todos los moradores de esta ciudad. Está pendiente de que los niños coman y se sienten como es debido, que los camareros no olviden reponer los servilleteros, los amantes no se dejen ni un solo beso en el camino y que los perros reciban todas las caricias de sus amos. Cuando los niños almerienses juegan a hacer castillos en las playas de El Zapillo y del Cabo de Gata no sueñan con castillos de cuentos ni visto en el cine. Sueñan y hacen su Alcazaba. Visita obligada para el visitante y reconocer así su enseña musulmana. Muros imponentes, salas majestuosas y elegantes al servicio de la fortaleza. El agua corre en sus acequias, riega los jardines y se arremansa en albercas. Las vistas que ofrece desde sus ciclópeos torreones quedarán fijadas para siempre en el visitante. La más hermosa de las bahías, una media luna encantada desde Punta Entinas a Cabo de Gata. Bajo sus muros se derraman barrios colgados, desmoronándose ladera abajo que hablan de otra Almería. La que no duerme, la que se levanta con los pescadores y se duerme bajo las cantes flamencos de sus ocupantes.

    Despidiéndonos de la Alcazaba bajamos por donde se encontraba la muralla musulmana abrazando la ciudad. Ya no existe esta muralla pero cubría la actual Plaza Vieja donde se encuadra el Ayuntamiento y el pingurucho de “Los Coloraos”; acabaría esta en la Puerta de Purchena. El punto de encuentro de todos los almerienses. A un extremo de este enclave encontramos la entrada a los Refugios de la Guerra Civil.

    El mediodía en Almería es castizo e innovador. Mezcla sabia de un mar eterno y de la creatividad del sur que da a la cocina almeriense unos sabores intensos. Es hora de poner sobre la mesa los frutos del mar que besa a Almería. Una rica mesa de pijotas, gallopedros, sardinas, lechas, salmonetes, pargos, boquerones, pulpo y calamares. Un sencillo plato de sardinas asadas lentamente en un fuego perseverante hasta que brillen plateadas en un plato aderezadas con limón de la vega almeriense. Un vino blanco de la tierra de Laujar, de Alboloduy y de otras comarcas de la provincia ritualizarán el momento de degustarlas. Este apetitoso y ligero entrante bien puede rivalizar con un plato surtido de tomates raf. Pequeños y ecológicos, crean en el paladar la sensación de probar el mejor tomate del mundo. Esta sensación de frescura vegetal sólo puede superarse si se vierte sobre el plato aceite de Tabernas.

    Mayor contundencia ofrecen las migas. El plato pobre de los almerienses que ha conquistado el corazón de esta esquinita del sur peninsular. El almeriense es único en su clase. Decide comer migas porque está lloviendo. Quizá no pueda haber mayor homenaje a la lluvia, tan escasa en esta tierra, que un plato de migas hechas a base de paciencia y pan. Se sirven con tocino, morcilla asada, chorizo frito, pimientos asados de los invernaderos del Poniente almeriense y lo que pida la imaginación, sí, también chocolate como dice una canción.

    Si aún queda hambre que saciar hay que pedir una parrillada o fritura de pescado a continuación y no tomar vino blanco o tinto según la ocasión, hay que probarlos todos y de todas las comarcas de la tierra. Sobre una fuente se exhiben frescos y jugosos frutos del mar y, que nadie se confunda, no se come mejor un pulpo a la gallega como se come en Almería. Y berza, y fritadilla de pimientos, y ajoblanco, gazpacho con picatostes…

    Se acaba, como se acaba todo en Almería, con una sonrisa y un dulce. Leche frita y café americano. Si no saben lo que es tampoco revelo la sorpresa, pídanlo y apunten la receta y sus proporciones.

    Por la tarde se pinta los labios de azul mediterráneo. El Paseo Marítimo regala a los almerienses aire, intenso olor a mar y una hermosa placidez al mirar el mar. La vista se deja mecer en las olas y allí queda, mirando los barcos que, viéndose lejanos, acaban ganando espacio en el cielo para ganar el puerto. Hermoso recorrido de media tarde bien por el camino de baldosas y de terrazas. Allí toca tomarse el café y un gin tonic. Sin palabras, intentando delimitar el cielo y el mar allá dónde parecen besarte en el horizonte. Se animan estos espacios y va creciendo el bullicio alrededor de sus mesas y quizás en ese momento toca compartir la alegría de estos almerienses ruidosos o, quizás mejor, es hora de descalzarse, guardar los zapatos en la mochila, arremangarse la ropa y poner los pies sobre la arena. Caminar por el punto exacto donde el agua mediterránea moja los tobillos. La sensación es la de pisar la misma materia con la que se fabrican los sueños. Demorar el instante, hacerlo lento y perezoso para armonizar la mente con las olas. Por la noche, se enfunda en un traje fresco, alegre y multicolor.

    almeria

    La Alcazaba, vigila a la ciudad, extendida ante sus pies. La Puerta Purchena, Los Refugios...

  • En San José y sus alrededores se pueden realizar numerosas actividades relacionadas con la naturaleza:

    Senderismo diurno y nocturno con diversos grados de dificultad, rutas 4x4, ornitología,  fotografía, exposiciones, visitas a centros de interpretación de la naturaleza, paseos a caballo o en coche tirado por ellos, rutas en barco, alquiler de bicicletas, submarinismo, snorkeling, nudismo, alquiler de piraguas o bodyboard, realizar excursiones en kayak... o bien si solo desea relajarse, disfrutar de una de las numerosas playas y calas vírgenes que configuran el Parque Natural Cabo de Gata - Níjar.

    actividades

    Porque podrás disfrutar de algo mas que sol y playa.

  • La gastronomía del Parque Natural tiene en el Mediterráneo su principal recurso. Pescados propios de la zona como lechas, salmonetes de roca, gallinetas, boquerones, sardinas, pargos, gallopedros… copan las vitrinas de los bares y restaurantes. A la plancha, fritos, al horno o en cuajadera son la estrella de la cocina. La fritura o la parrillada se convierten en una perfecta degustación de estos productos. Y que mejor que acompañarlos de otra parrillada, esta vez de verduras cultivadas en la huerta de Europa, que es Almería. Calabacines, pimientos, tomates, espárragos trigueros cocinados a la plancha y por qué no salpimentados con sal procedente de las Salinas del Cabo de Gata. O probar una ensalada de tomate Raf aliñadas con ajo.

    Si apetecen platos más contundentes podemos encontrar guisos propios del interior de la provincia como las migas de harina, que suelen tomarse con pimientos, rábanos, arenques o con morcilla y tocino, siendo una costumbre el que se preparen los días de lluvia. La berza, un guiso que tiene como base principal la col, los gurullos y el pimentón son otros de los platos típicos populares.

    Y una mención especial merecen las tapas, que se incluyen en los bares con el precio de una caña o una copa de vino. Algunas típicamente almerienses son el tabernero o fritadilla, la jibia en salsa, el cherigan, las patatas a lo pobre, la marranada de pulpo, el choto al ajillo.

    Y para acompañar estas delicias culinarias, una apuesta por algunos de los vinos procedentes de las nuevas bodegas que están surgiendo en la provincia. .

    gastronomia

    Con el Mediterráneo como principal fuente de recursos, sin olvidar otros productos de la tierra.

  • otros enlaces de interes

    Algunos links interesantes para planificar tus vacaciones o descubrir mas de la zona.